martes, 2 de marzo de 2010

Recuerdos II

El año en que cumpli dieciocho años comence un curso de cocina, mi maestro fue el Profe Bardo, a quien habia conocido en mis años de preparatoria pero nunca habia cruzado palabra con el. En una ocasion preparamos mixiotes, un platillo tipico mexicano que es basicamente pollo guisado envuelto en la piel de la hoja de sabila, que una vez seca es muy parecida al papel cuando se le ha mojado en aceite; delgada y transparente. Dado que esto se conoce como mixiote, de ahi es donde adquiere este platillo su nombre. Desafortunadamente, como suele suceder con las tradiciones, mucha gente -diria que una mayoria- utiliza papel aluminio en lugar de mixiote. Cuando llegue a casa y le ofreci mi creacion culinaria a la abuela, explicandole que eran mixiotes, ella desprecio mi plato e insulto a mi profesor como un ser ignorante dado que los mixiotes para ella se hacian con papel aluminio o no se hacian -incluso le explique que hace quinientos años los indigenas dificilmente tendrian acceso a papel aluminio, pero fue un desperdicio de saliva, como mis mixiotes los habian sido de pollo.
Decidi pues que no habia mas motivos para intentar complacer a la abuela con mis preparaciones.
Mis incursiones de pequeño a la cocina eran un reflejo de mi intencion de ser util en aquellos años de rapaz inocente e incapaz. Incluso una ocasion le comente a mi madre que deseaba una escoba -hablo enserio!-, de esas escobas pequeñas como para niña, de manera que le pudiera ayudar a barrer. Por supuesto eso no sucedio.
Y cada vez que yo me presentaba con la intencion de ayudar en cualquier cosa que estuviera en curso, seria hecho a un lado -se dice que mas ayuda el que poco estorba.
Sin embargo tendria que escuchar, cada que el animo de la abuela, o las tias asi lo requeria, la historia de como cuando todos ellos eran pequeños no tenian zapatos, y aun asi tenian que caminar a la escuela, o hacer las labores de campo como ver por los animales o el cultivo; y como pues, yo era afortunado de vivir en la ciudad.
Algun dia aprendi a echar tortillas, mas por el hecho de que la abuela estaba en su pueblo de visita que por que por fin hayan considerado que eso era algo digno de aprender por un hombre.
La ofensa mas grande que puede existir es que te digan que nisiquiera sepas preparar un huevo. A mi me caga dicha expresion, no por la intencion con que se dice, sino por el valor que se le da a los huevos. La verdad es que a mi el huevo no me gusta. Eso sorprendio a mi familia aqui en Chicago, mi tio no puede creer que a mi no me gusten los huevos al albañil -o eran los rancheros?, ven? nisiquiera se que nombre corresponde a cada preparacion ovaria-, principalmente por el apetito con el que los como, pero una cosa es el gusto y otra el estomago, en mi caso generalmente gana el estomago.
Se preparar mas que simples huevos, recuerden que soy creador del Espagueti a la Ferran (Ferran, siendo catala no lleva acento, aunque yo escribiendo en un teclado gringo no conozco acento en este momento).  Pero aprendi que hay cosas que no se hacen en familia, que para mi es mejor no mover dedo alguno y esperar la ofensa que mover una montaña y de cualquier manera soportar la ofensa.
Hay sin embargo una preparacion que si complacio (por que insisto en conjugar complajo?) a la abuela, y fue el dia que hice pan de muerto. Mi profesor nos hizo agregar extracto de flor de azahar, que junto con la calidad de los ingredientes resulto en un pan de muerto como jamas habia probado. Era delicioso, incluso dijo la abuela que deberia venderlo. No hice caso, no solo por decidioso, sino porque el coste del producto me parecia elevado para el bolsillo de muchas personas, a pesar de que la calidad lo justificase.
A Roxana la conoci precisamente ese año, dosmilcuatro, y recuerdo haberle llevado mi primer preparacion: cecina rasurada, que era basicamente cecina marinada en jugo de limon, con cebolla, chile verde, jitomate y cilantro, todo picado, revuelto a (in)consciencia y presentado en totopos de maiz. Tambien le lleve de comer chiles en nogada alguna vez, y un pastel que habian preparado mis compañeros de otro grupo pero que troque por mi preparacion de ese dia, que no me complacio.
Pude haber hecho mil cosas por ella, de cierta manera esa disposicion sigue vigente.
Cada que uno de mis actos, o creaciones complacia a mi abuela, mis madre o mis tias, yo podia ser el hombre mas feliz del mundo -aunque no corrigiera los actos contrarios a sus complacencias e incluso los reafirmara, despues de todo se trata de ser rebelde.
El unico dia que escuche a Roxana decir "te quiero" yo estaba abordando el camion al centro de la ciudad, ese dia ella me habia invitado a comer a su casa, y despues me habia dicho que estaba en una relacion con alguien, que comprendia si ya no deseaba ser su amigo. Jamas me atrevi a dar el siguiente paso con ella, y eso me maldijo por casi cinco años. Ahora alguien era ese alguien que yo habia deseado pero temia ser.
Durante todo ese tiempo me dedique a tratar de complacerla, y una y otra vez ella haria cosas -omisiones es la palabra- que solo me dejarian mas desolado e incrementarian la insolencia de mi ulcera gastrica.
Has dicho "te quiero" y te han respondido "gracias"?, eso es lo peor.
Un dia ella tomo un vuelo a Peru mientras yo habia autosaboteado tan solo un par de semanas antes mi viaje a Chicago. Ahora estaba varado en Cuernavaca.
"Necesitas una mujer que sepa hacer los quehaceres de la casa", solia decirme la abuela, "que sepa planchar, que sepa cocinar, que sea humilde, que no sea una muchachita loca".


 
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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.