miércoles, 7 de abril de 2010

El postmodernista

Nota del Blogger: Con el siguiente cuento deseo inaugurarme oficialmente como cuentista, espero disfruten mi escrito.

Para Marco ser un escritor se había vuelto un propósito de vida. Era quizá lo único que había encontrado para ser él, expresarse, compartir sus ideas y ser celebrado por ello.
Había comenzado a nutrirse para ello, leía a todos los clásicos, tres mil años de literatura desde Homero hasta Dan Brown, con la intención de beber de las fuentes que habían alimentado a la humanidad.
También comenzó a pensar en cual sería su corriente, quizá sería postmodernista, eso encajaba, sonaba nice, inmediatamente después decidió no utilizar palabras extranjeras. No sea que después lo celebren por dar nuevos bríos al idioma castellano.
Quizá podría iniciar su propia corriente, sería premodernista. Demonios, se dijo, eso apesta a postmodernismo.

Para su carrera de escritor se había hecho de varias ideas, ninguna en papel, pero todas vivas, tenía al menos treintaiseis publicaciones diferente, con nombra tentativo, tema y hasta prologuista. Entre sus obras figuraban ensayos, novelas, cuentos, novelas cortas, cuentos largos, prosa épica, crítica, anticrítica, biografía, autobiografía, poemarios, relatarios y mucho más. Sería el escritor más completo de la lengua hasta la fecha.

Decidió que se lanzaría en grande, irrumpiría en escena con una novela: Senderos de desconsuelos. Un acercamiento a la vida de un hombre de treintaitantos que se encuentra solo frente al mundo y sus absurdos.
Se cobijaría en los grandes de la literatura latinoamericana, Benedetti, Córtazar, Borges, Gabo entre otros. Porqué después de todo, negarles sería como negar la leche materna.

Inició su obra un día de abril, y la terminó casi un año después. No refiero el proceso porque es digno de un guión de película para Woody Allen. 

Cuando al fin terminó su novela y la firmó, se sintió completamente realizado. Salió de su casa y se dirigió a tomar un café. En el camino se encontró con una librería, entró a ver los libros e imaginar como luciría el suyo ahí. Entonces vino la sorpresa. Senderos de desconsules, obra de Marco Pinto, publicada en 1956 por la Universidad Nacional.
Demonios, exclamó, supongo que nunca es demasiado tarde para retomar la abogacía.

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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.