martes, 3 de mayo de 2011

Recuerdo que cuando pequeño deseaba ser un gran inventor, destrozaba cuanto se me viniera en mano con la intención de hacer una suerte de ingeniería inversa. Hacer algo por el estilo, claro está, estaba fuera de mi cognición, pero la inquietud siempre estuvo ahí. Quizá algún día sería un inventor destacado, era mi mayor deseo, aunque a veces quisiera ser policía, bombero o médico pero siempre fue una constante mi deseo de ser inventor. Desarrollaría un autómata como una avispa, o crearía un reloj que me permitiría echar un vistazo sobre la superficie saturnina o quizá un sistema de transmisión con el que me comunicaría con mis amigos. Cuando encontré los fusibles de la camioneta creí que ellos eran aditamentos espaciales, y yo me encargaría de ponerlos en órbita geoestacionaria. ¿El método? Sencillo, una vara de madera con cohetes de a centavo, de esos que dan un pequeño tronido. Dios quiso que jamás pusiera mi mano en suficientes de esos cohetes, porque yo creía que un buen centenar de ellos lograría su cometido de llevar mi paquete al espacio. Ahora sé que más bien hubieran logrado conducirme al hospital.

Un día mi tía me dijo que olvidara eso, que ya todo estaba inventado.

Ahora batallo con ello, mi deseo de hacer robótica jamás se fue, quizá se difuminó un poco. ¿Qué hubiera sido si hubiera estudiado ciencias? Ahora estoy peleando por darle un lugar a mi estudio: ciencias políticas. Pero ¿son ciencias en verdad?.




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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.