sábado, 17 de diciembre de 2011

Cuando era más jóven podía pasar horas tratando de encontrar una respuesta. Fuera del tipo que fuera. En aquella época aun creía en más cosas de las que creo hoy. Aun pensaba en Dios y en el diablo, pensaba que quizá existía un destino, que había algo más allá. El tiempo se encargó de asfixiar esos pensamientos.

Quizá buscaría respuesta en el significado de los sueños, o en el horóscopo, preguntaba a veces a las personas, sus experiencias me darían respuestas. Pero pronto acabaría eso. Llegó primero el cansancio, luego la desilusión, y pronto el hartazgo.
Dejé de cuestionarme y cuestionar a otros, aunque aun queden reminiscencias de esa actitud. Dejé de creer en pendejadas. Y con eso vino un poco de tranquilidad, ya no me cuestionaba si el futuro tenía algo preparado para mi o no, si Dios había planeado mi vida. Si la mujer que amaba me amaría.
Y con eso en mente, en ocasiones quisiera creer, poder decir que Dios está en mi, que creo ciegamente en él. Que es mi amigo, que Jesucristo murió en la cruz para salvarme por que me ama. Pero no puedo, me volví incapaz de creer.

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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.