lunes, 23 de enero de 2012

Cartas desde el Infierno

De alguna manera me sentía agusto en el infierno, no era el lugar tenebroso que cualquiera pudiera imaginar. Era tranquilo, las almas vivían eternamente como hubieran vivido en vida. Tiempo atrás había perdido el miedo a morir, cuando me volví, me quité un peso de encima, pero lo troqué por otro más denso: ahora temía vivir. Esta gente había muerto años atrás, la población infernal era un número enorme, pocos habían podido encontrar el camino hacia el Señor.

Yo encontré mi camino hacia el demonio. Era feliz, nunca prentendí adorar a un Dios todopoderoso y vanidoso que me pedía adorarlo. Un Dios así, seguro tiene un pene pequeño.

Lo que comprendí por fin es que el camino al infierno lo cavé día a día de mi vida, cada vez que creía haber tocado fondo alguien me arrojaba una pala. Era miserable y lo sabía, era miserable como un hombre podría ser. Por eso viví con miedo a vivir, mi castigo, descubrí, no era la muerte sino la vida. Para los condenados vida como yo ni la luna en dosis precisas y controladas funcionaba. La melancolía como cáncer consummía mi ser, la metastasis era lenta y dolorosa.

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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.