sábado, 9 de marzo de 2013

Beauty queen of only eighteen
She had some trouble with herself
He was always there to help her
She always belonged to someone else

Maroon 5

Hay un lugar perdido, donde habitan las princesas rotas. Sus sueños son inconclusos, sus deseos difusos, sus temores los más, sus tropiezos también. Juegan a prometer, sueñan con jugar y juegan a soñar (mientras juegan a amar). Mienten, mienten, no pueden evitar mentir, lo hacen por costumbre, lo hacen por anhelo. Esas princesas rotas son frágiles y enfermizas, sus cuerpos hermosos, su voz seductora; sus mentiras creíbles, sus verdades a medias. Son actrices del encanto, saben engañar, quizá por gusto, quizá por necesidad. A veces son propias, otras veces ajenas. Cuando son propias provocan confusión, cuando ajenas aun más.


Princesas rotas como rotos son sus sueños.


Esas princesas rotas bien podrían pasar por sucubos, pero no, su objeto no es el alma de sus amantes, su objeto es indefinido, cuando lo hay o se conoce cual es. No tienen victimas sino príncipes de añil. 

Las princesas rotas son princesas de sueños rotos, o princesas de corazones rotos, o princesas de promesas rotas, o princesas de palabra rota, o princesas de vocación rota. Rotas en uno o varios sentidos habitan en castillos rotos que siempre caen a pedazos y nunca caen a pedazos.


Rotas ellas, rotas sus vidas, pueden llevar ruptura a donde van. 



I know where you hide 
Alone in your car 
Know all of the things that make you who you are 
I know that goodbye means nothing at all 
Comes back and begs me to catch her every time she falls 

Caen, van en caída libre, siempre cayendo; no hay fondo y cuando lo hay vuelven a caer. Para ello son esos príncipes de añil, para desacelerar la caída, para hacerla parecer más soportable, para caer junto con ellas o más bien por ellas.

Dudan o fingen dudar, se equivocan o fingen equivocarse, sueltan la verdad de sus intenciones de repente y después pretenden haberlo dicho por locura, pretendiendo ocultar una verdad ya conocida. Piden perdón, reconocen su error aunque, como psicópatas, pueden no sentir culpa.


A las princesas rotas se les conoce por el reflejo de sus mentiras, ya que sus verdades son escasas, cuando las hay o se conoce cuales son. Habitan en la mentira como si de la verdad se tratara, son capaces de mentir cientos de veces y no desgastar ese dote natural en el proceso. Pueden mostrar pena y culpa y la sientan o no, lo hacen por reflejo natural. Pronto encuentran la medida de sus amantes, pronto les conocen.


Piden a susurros ser amadas, piden a susurros amar, piden a susurros ser despojadas de su antiguo amor; piden a susurros que en realidad son gritos. Temen el abandono, son keepers*, no sueltan a sus amores pasados y no pretenden soltar a los presentes. Temen la caída libre, la prefieren acompañadas.


No son demonios aunque lo parecen, cumplen con una cantidad increíble de los conceptos contenidos en la compresión del concepto demonio salvo particularidades que hacen que  clasificarles mediante el estudio de la demonología sea una tarea que no reporta utilidad alguna. No son malignas, no es la maldad misma quien dirige sus actos, son otros sentimientos que, bueno, sí son mezquinos los algunos: actúan por irá, actúan por rencor, actúan por venganza, actúan por indecisión, actúan por confusión, actúan buscando lo que no quieren encontrar, actúan encontrando lo que no quieren buscar, actúan sin razón, actúan sin sazón, actúan fingiendo culpa, fingen actuando culpa. Pueden llevar a mucho o a ninguno tras de ellas, rompiendo corazones como rotas están ellas.


Tienen intenciones, aunque muchas veces ni ellas las tienen claras. Pero consiguen, cuando se proponen llevar a alguien a un tour de caída libre, llevar a ese alguien y tirarle en caída libre. Lo consiguen porque pueden, porque quieren, tengan claro el motivo o no, tengan claras sus intenciones o no, tengan claras las consecuencias o no.
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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.