viernes, 8 de marzo de 2013

Durante años me había encargado de alejarme de Dios. De a poco había dejado que ese mito no gobernara más mis actos, aunque claro, no es como si fuese un fiel amante de Dios. Pero sus preceptos aun conseguían lograr el efecto de culpa judeocristiana que me mantenía a raya. Cuando la moral cristiana había dejado de regir, al menos formalmente, mis actos, fue que una especie de ética humanista, si se le puede denominar de tal manera, se convirtió en la rectora de mi vida.
Dios no me ama simplemente porque Dios no existe. Y entonces mi vida careció de todo sentido, ¿para que la vida si no existe la trascendencia? habría de morir y ya. Entonces ¿porqué esforzarse? ¿cuál habría de ser el justo valor de mis esfuerzos. Ninguno, todo sería olvidado al cabo de unos años cuando más, y aunque fuera recordado en la posteridad ¿qué beneficio habría de reportarle esto a un cúmulo de huesos que yacían  inertes?
¿Ley natural? ¿Ley divina? ¡Pamplinas!

Pero ahora stripped out of any beliefs mi alma clamaba una verdad, algo en que creer. Lo anhelaba con el corazón. ¿Dónde habría de encontrar esa verdad? No lo sé. Aunque es cierto que por mucho tiempo creí que el amor de una mujer podría sustituir el amor divino que no estaba más. Como sí el amor pudiera ser eterno, y ¿porqué no? Sabía que el amor no existía, pero quizá encontraría alguien para quien sí, alguien que estuviera dispuesta a amar y a vivir por esa palabra. Y creí encontrarla una vez, aunque la triste verdad es que en realidad no me amaba.
Pero no, ser amado por una mujer no brindaría esa paz que anhelaba: esa necesidad que tenía dentro del alma, esa sangre que pedía a mustios latidos mi corazón para alimentar este cuerpo moribundo que apenas y sabía suspirar. Ahora viviría por el gusto e incluso por el disgusto de hacerlo. Quiero permanecer aquí mientras la vida continúe haciéndome daño.* Eso precisamente, permanecería aquí mientras la vida me hiciera daño, permanecería ahí para aquella mujer mientras ella me hiciera daño, quería flagelarme, deseaba sentir.

*Supuestas palabras de T.E. Lawrence.
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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.