miércoles, 24 de abril de 2013


23 de Abril, 2013

"Te quiero", que sin sentido. "Te amo", que sin razón. Nuestros conceptos de querer y amar no son siquiera cercanos, y sin embargo aquí estamos, discutiendo quien quiere/ama a quien.

Quizá algún día pueda explicar la comprensión que el concepto querer encierra para mi, quizá tú puedas explicarme la comprensión de tu concepto amar. Pero seguro coincidimos en que el concepto "deseo" se verifica en ambos. Mi deseo de tu cuerpo, de tu calor, de tu cariño que diste a probar y como a un adicto ahora niegas en su totalidad; y tu deseo, tu deseo difuso que a veces dices es mi cuerpo sobre tu cuerpo, ese deseo tuyo que aun no logro dilucidar porque parece ser que ni siquiera en cuanto a eso coincidimos.

Somos inalcanzables el uno para el otro, por cuestiones de temporalidad, por cuestiones de espacialidad, por supuestas y estúpidas cuestiones de moralidad. Somos la imposibilidad misma de ser, el deseo constante resumido en la frustración que da vida a ese deseo, que de lo contrario se convertiría en una supuesta satisfacción del apetito mutuo que albergamos. Apetito que bien podríamos satisfacer de una vez por todas o que bien podríamos padecer cada vez más en la imposibilidad misma de alimentar algo que no se puede satisfacer con la nulidad de nuestras presencias; por que nunca nos tendremos, jamás trascenderemos de nuestros cuerpos para auténticamente satisfacer este apetito con la carne fresca del otro.

And yet here I am, tratando de dar forma a lo que no tiene forma, con palabras, que son el vehículo de lo que vanamente trato de explicarme, de explicarte, de explicarle a un mundo a quien auténticamente no le interesa lo que yo pueda decir, porqué está embebido en el intento de satisfacer sus propios apetitos.

¿Para que empeñarse pues en utilizar las palabras? Debo admitir que son ellas mismas quienes nulificaron lo que supuse que podría ser, que si bien no es, no será. Y son esas mismas palabras el vehículo de lo que supuestamente deseas, de esas interminables charlas nocturnas en que solo utilizábamos las palabras para hablar sin sentido, simplemente por que creíamos hacernos compañía en la desolada noche, transmitiendo códigos carentes de toda verdad, códigos que más bien eran gritos en el desierto de nuestras soledades.



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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.