lunes, 8 de diciembre de 2014

Mariela no sabe amar

"See, I will always have this penchant for what I call kamikaze women. I call them kamikazes because they, you know they crash their plane, they're self-destructive. But they crash into you, and you die along with them."
La celebración de los misterios ha rendido sus frutos. Por días, semanas y meses, celebramos ese ritual sin adjetivos porque finalmente era contrario, contradictorio, universal y parcial, afirmativo y negativo.
-Tu y yo debimos haber vivido en los años 70 -decía con alegre nostalgia.
-¿Para qué? ¿Para que a ti te linchen por modernista y a mi por gay? -contestó con su típica acidez.
Finalmente no podíamos llegar a conclusión alguna, todo era un continuo devenir de la misma celebración de perdida y encuentro.

Es fácil juzgar, la más sencilla de las actividades humanas. Ponerse en posición de hacerlo y comenzar a inferir juicios basados en toda clase de rasgos que haya a mano. Sofía era joven y atractiva, despedía ese dejo de inocencia de lo que Adrián llamaba una lolita a la mexicana. Fue la mujer más hermética de aquellas que conocimos durante los misterios. La vimos unas cuantas veces, después simplemente desapareció. Sólo nos quedaría hacer conjeturas sobre su destino.
Débora fue violada cuando tenía 7 años de edad. Lo hizo el esposo de su tía. Vivía con ellos desde que sus padres murieron. Esa noche su tía estaba fuera, el tío entonces abuso de ella. Ahí estaba Débora, todos los días, en un vestido que dejaba ver sus hermosas piernas, pero más hermoso era su rostro pálido, de facciones finas que no dejaba de contrastar con su cabello negro y esos ojos grises y melancólicos.
Por su parte Daniela estaba enamorada de un hombre por quien solía dejar abandonados a sus hijos para irse a coger a un hotel de paso por horas. Era ninfómana. La besé en una ocasión mientra bailabamos pegado; el beso no duro demasiado. Cinco minutos después estaba llorando en los brazos de Adrián. Yo había aprendido a percatarme cuando alguna de ellas venía con el alma más frágil que de costumbre así que no me sorprendió.

Entre los seres humanos existe un abismo insalvable. Pasamos la vida entera tratando de construir puentes. Eso era para nosotros la celebración de los misterios. Descubrimos que todas y cada una de ellas era una pequeña niña así como nosotros. Adrián y yo teníamos permitido ver algo en ellas que estaba oculto para los demás. Lo teníamos permitido de manera implícita, sin pedir ni otorgar. Ellas nos relataban sus historias de vida. Aunque regularmente eran más abiertas con Adrián.


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En apoyo a la libertad de expresion y con fundamento en el articulo 6to de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos, publico todo lo que las voces en mi cabeza tienen que decir, pero me deslindo afirmando que no necesariamente comparto sus puntos de vista.